INFORMACIÓN CREÍBLE Y RESPONSABILIDAD PROFESIONAL
El flujo de la información es en efecto comunicación. Rodeados estamos de todo tipo de información, no siempre verídica ni contrastada, lo que hace difícil su credibilidad instantánea. Al final, el ciudadano de a pie acaba perdiendo su natural voluntad de confiar y pasa gradualmente a una indiferencia por todo lo escuchado, visto o leído.
En los últimos dos años, la paciencia del público español se ha sometido a prueba con los continuos bombardeos de información partidista por parte de no sólo de los políticos de turno sino por profesionales de la comunicación y sectores empresariales.
Sin entrar a analizar detalles del pasado que marcaron un vuelco en las últimas elecciones legislativas en España, no podemos dejar de emplear como ejemplo de irresponsabilidad profesional política una rotunda afirmación de la entonces Ministra de Asuntos Exteriores en el último Gobierno Aznar cuando resaltó como “beneficio directo” de la invasión de Irak la bajada del precio del petróleo a menos de $ USA 30 el barril a las pocas semanas de las acciones agresoras. Hoy, un par de años después, el precio es más del doble y aquí no ha pasado nada. La ministra que fue sigue aferrada a su asiento de diputada por Toledo en el Congreso de los Diputados.
En Cataluña, el mismísimo President de la Generalitat de Cataluña lanza unas acusaciones de soborno y después se reúne con los “ofendidos”, corren un tupido velo y tampoco pasó nada. Todo ha quedado en un rifi-rafe entre partidos de aquella región.
En el área de empresa, una acción estratégica bolsista que afecta a bloques empresariales con estilos diferenciados de hacer empresa, y quien sabe si alimentado por preferencias políticas partidistas, causo no poco revuelo y uno de los altos cargos sacando los pies del tiesto, lanza acusaciones no contrastadas sobre supuestos espionajes y posible tongo. ¡ No nos lo podemos creer ! Vaya pataleos que tienen estos señores de la cumbre financiera cuando algo les desagrada o algo les coge por sorpresa.
Tampoco se salvan algunos periodistas que escriben en la prensa, aparecen en webs o debaten en foros televisivos o de radio que tratan temas candentes de la actualidad nacional e internacional. Se notan unos tintes políticos y sus claras preferencias, sin siquiera sonrojarse al defender vehementemente hasta lo indefendible. Que pena que no empleen sus energías a abogar por causas verdaderamente relevantes como es la colaboración ciudadano por la ayuda a los damnificados de guerras, catástrofes, sequía o simplemente los que sufren el Hambre y una vida infrahumana.
Cuando ya vemos como se intenta emplear técnicas sofisticadas de marketing para “vendernos la burra” como sea, tenemos que clamar al cielo.
La comunicación es un flujo de información y por eso, como ciudadanos, debemos ejercer nuestro privilegio de expresar también nuestra información, nuestra opinión. Ese derecho lo podemos ejercer porque primero hemos cumplido con nuestra obligación, como ciudadanos tanto como votantes así como parte de una sociedad civil cumplidora de sus deberes al Estado.
En todo el ir y venir de información, tenemos que lamentar que tanto los políticos como los empresarios y entremedias los profesionales de los medios de comunicación parecen olvidar que la ciudadanía posee hoy capacidad suficiente para entrever actuaciones maliciosa y la deformación partidista de la información. La credibilidad del que informa, o se sitúa por encima de toda sospecha, o carece de valor comunicador.
La información más creíble es aquella que se basa en la veracidad contrastada de la misma y su comunicación solamente es efectiva cuando el flujo se establece entre transmisor y receptor, una confianza entre las partes.
Me parece que políticos, periodistas y empresarios están capacitados para comprender la falacia de su actuación al manejar la información y emplear la comunicación para sus fines, sacrificando la veracidad del contenido. El que aparentemente no haya una expresión contraria por los sectores prudentes pero inteligentes de la sociedad, no significa que su insistencia de desinformar acabe explotando en sus caras.
Finalmente, cuando hablemos cualquiera, del signo ideológico que sea, de un tema que creemos tener bien claro, haríamos bien de aprender a “escuchar” las posturas de las otras partes. Quizá nos enteremos de algo distinto y aprendamos a aceptar realidades distintas a las nuestras. Para nosotros, esa es la base de todo principio de convivencia y buen ejercicio de democracia.
Sobre todo, seamos profesionales y ejerzamos nuestros papeles en política, empresa o comunicación con responsabilidad y ética. De lo contrario, difícil será que generemos confianza con nuestros interlocutores, haciéndose impracticable la comunicación a través del diálogo.
En los últimos dos años, la paciencia del público español se ha sometido a prueba con los continuos bombardeos de información partidista por parte de no sólo de los políticos de turno sino por profesionales de la comunicación y sectores empresariales.
Sin entrar a analizar detalles del pasado que marcaron un vuelco en las últimas elecciones legislativas en España, no podemos dejar de emplear como ejemplo de irresponsabilidad profesional política una rotunda afirmación de la entonces Ministra de Asuntos Exteriores en el último Gobierno Aznar cuando resaltó como “beneficio directo” de la invasión de Irak la bajada del precio del petróleo a menos de $ USA 30 el barril a las pocas semanas de las acciones agresoras. Hoy, un par de años después, el precio es más del doble y aquí no ha pasado nada. La ministra que fue sigue aferrada a su asiento de diputada por Toledo en el Congreso de los Diputados.
En Cataluña, el mismísimo President de la Generalitat de Cataluña lanza unas acusaciones de soborno y después se reúne con los “ofendidos”, corren un tupido velo y tampoco pasó nada. Todo ha quedado en un rifi-rafe entre partidos de aquella región.
En el área de empresa, una acción estratégica bolsista que afecta a bloques empresariales con estilos diferenciados de hacer empresa, y quien sabe si alimentado por preferencias políticas partidistas, causo no poco revuelo y uno de los altos cargos sacando los pies del tiesto, lanza acusaciones no contrastadas sobre supuestos espionajes y posible tongo. ¡ No nos lo podemos creer ! Vaya pataleos que tienen estos señores de la cumbre financiera cuando algo les desagrada o algo les coge por sorpresa.
Tampoco se salvan algunos periodistas que escriben en la prensa, aparecen en webs o debaten en foros televisivos o de radio que tratan temas candentes de la actualidad nacional e internacional. Se notan unos tintes políticos y sus claras preferencias, sin siquiera sonrojarse al defender vehementemente hasta lo indefendible. Que pena que no empleen sus energías a abogar por causas verdaderamente relevantes como es la colaboración ciudadano por la ayuda a los damnificados de guerras, catástrofes, sequía o simplemente los que sufren el Hambre y una vida infrahumana.
Cuando ya vemos como se intenta emplear técnicas sofisticadas de marketing para “vendernos la burra” como sea, tenemos que clamar al cielo.
La comunicación es un flujo de información y por eso, como ciudadanos, debemos ejercer nuestro privilegio de expresar también nuestra información, nuestra opinión. Ese derecho lo podemos ejercer porque primero hemos cumplido con nuestra obligación, como ciudadanos tanto como votantes así como parte de una sociedad civil cumplidora de sus deberes al Estado.
En todo el ir y venir de información, tenemos que lamentar que tanto los políticos como los empresarios y entremedias los profesionales de los medios de comunicación parecen olvidar que la ciudadanía posee hoy capacidad suficiente para entrever actuaciones maliciosa y la deformación partidista de la información. La credibilidad del que informa, o se sitúa por encima de toda sospecha, o carece de valor comunicador.
La información más creíble es aquella que se basa en la veracidad contrastada de la misma y su comunicación solamente es efectiva cuando el flujo se establece entre transmisor y receptor, una confianza entre las partes.
Me parece que políticos, periodistas y empresarios están capacitados para comprender la falacia de su actuación al manejar la información y emplear la comunicación para sus fines, sacrificando la veracidad del contenido. El que aparentemente no haya una expresión contraria por los sectores prudentes pero inteligentes de la sociedad, no significa que su insistencia de desinformar acabe explotando en sus caras.
Finalmente, cuando hablemos cualquiera, del signo ideológico que sea, de un tema que creemos tener bien claro, haríamos bien de aprender a “escuchar” las posturas de las otras partes. Quizá nos enteremos de algo distinto y aprendamos a aceptar realidades distintas a las nuestras. Para nosotros, esa es la base de todo principio de convivencia y buen ejercicio de democracia.
Sobre todo, seamos profesionales y ejerzamos nuestros papeles en política, empresa o comunicación con responsabilidad y ética. De lo contrario, difícil será que generemos confianza con nuestros interlocutores, haciéndose impracticable la comunicación a través del diálogo.
